Un guardaespaldas abrió la puerta trasera del auto negro de Carl y se hizo a un lado.
Carl bajó. Se acomodó el traje con calma antes de voltear y extender la mano. Delphine puso su mano en la de él, y Carl la ayudó a bajar con cuidado, sujetándola con firmeza para transmitirle seguridad.
En cuanto sus pies tocaron el suelo, el corazón se le aceleró.
—Tengo mucho miedo, Carl —susurró, aferrándose a su brazo—. ¿Estás seguro de esto?
Tenía los ojos muy abiertos, llenos de miedo e incertidumbre.
Del