Isla echó un vistazo al documento en la mano de Delphine. Las palabras de su esposo resonaban en su mente, recordándole la orden que le había dado. Se burló mentalmente, pero mantuvo la compostura. Sin responder, se recargó en la silla, apoyando la espalda en el respaldo, y no perdió la calma.
Su mirada se desvió hacia Sofie, que estaba de pie cerca de ahí, sorprendida por el atrevimiento de Delphine.
—¿Sofie? —la voz de Isla era tranquila pero firme.
Sofie se acercó rápidamente y se paró frente al escritorio.
—Sí, señora Wyndham —respondió.
—Acompaña a la señorita Winthrope a la salida, por favor. Y la próxima vez, asegúrate de que siga el protocolo para agendar una cita antes de entrar a mi oficina.
Sofie abrió los ojos con sorpresa. La orden la desconcertó, pero se recompuso y obedeció.
—Sí, señora.
La sonrisa de Delphine se borró.
—¿Me estás corriendo? —preguntó, incrédula.
—Lo siento, señorita Winthrope, pero si pudiera, por favor… —comenzó Sofie en voz baja.
Delphine levantó una