Habían pasado dos días desde que las Empresas Wyndham reabrieron de manera oficial. Los edificios volvieron a llenarse de vida, los empleados ocuparon los pasillos y las reuniones se sucedieron sin descanso. Pero, para Gabriel, esos dos días se sintieron más largos de lo normal. Se sumergió en el trabajo desde la mañana hasta bien entrada la noche. Tenía contratos apilados sobre el escritorio, llamadas por devolver y varias reuniones en fila, como una cadena interminable.
Y, por encima de todo l