A Gabriel le ardían los ojos por las largas horas que llevaba mirando la pantalla de la laptop. Apenas había parpadeado. Sentía la espalda rígida. Tenía la mente tensa y agitada. Pero se negaba a parar. Se quedó hasta tarde aunque todos los demás ya se habían ido a casa. Quería respuestas esa misma noche, sin importar cuán tarde se hiciera.
A su lado estaba el señor Miles, el jefe de seguridad. Observaba a Gabriel en silencio mientras revisaban todo lo grabado en su oficina.
Gabriel se inclinó h