Isla salió del estudio de Alfred con el corazón latiéndole tan fuerte que solo oía su pulso en los oídos.
Se detuvo afuera de la puerta y tomó aire, con la respiración temblorosa. Se pasó la mano por los ojos para secar el rastro de lágrimas antes de que alguien las viera. Se obligó a erguirse, se alisó el frente del vestido color miel, se acomodó el cabello y serenó los dedos que le temblaban.
Tenía que verse compuesta. Nadie podía enterarse de lo que acababa de escuchar dentro de aquella habit