El amanecer trajo consigo el sonido del metal chocando y la energía vibrante de la magia expandiéndose por el aire. En los terrenos del castillo, Tara y los demás entrenaban con intensidad.
Los guardianes de la Llama eran maestros exigentes. Tara había mejorado en controlar el fuego de la Llama, pero aún le costaba mantener su poder estable sin que este amenazara con consumirla.
Aldren la observaba con los brazos cruzados mientras ella intentaba formar una lanza de fuego.
—Demasiada fuerza —adv