El amanecer pintaba el horizonte con tonos dorados y anaranjados mientras Tara seguía a Elias a través de los extensos jardines de la mansión. Rhidian caminaba detrás de ellos, como una sombra protectora, con los ojos atentos a cualquier movimiento sospechoso. Bella y los demás permanecieron dentro, vigilando la seguridad del lugar.
Elias se detuvo bajo un gran roble cuyas ramas extendidas ofrecían sombra y privacidad. Se volvió hacia Tara, su expresión grave pero serena.
—Antes de que empieces