El aire en la mansión se sentía denso, casi asfixiante, mientras las sombras de la figura trataban de envolver a Tara. Pero ella, con los ojos cerrados y las manos temblorosas, no cedió. En lugar de dejarse consumir por el pánico, se sumergió en su poder, buscando respuestas dentro de la mente de aquella entidad.
Las imágenes vinieron como fragmentos de un sueño roto: Lilith, poderosa y majestuosa, gobernando un vasto reino oscuro; un traidor en sus filas, alguien cercano que la había debilitad