El nombre de Lilith resonó en la mente de Tara como un eco interminable. Había algo en ella que la hacía sentir expuesta, vulnerable. Pero al mismo tiempo, algo en esa mirada violeta despertaba una curiosidad que no podía ignorar.
—¿La verdad sobre quién soy? —preguntó Tara, intentando mantener su voz firme, aunque su corazón latía con fuerza.
Lilith asintió, dando un paso hacia adelante, pero Rhidian alzó una mano, deteniéndola con un gesto.
—No darás un paso más —dijo él con frialdad. Sus ojo