El aire en la biblioteca era diferente. Era más denso, cargado de un olor a libros antiguos y algo más que Tara no podía identificar. Rhidian abrió la puerta de madera con cuidado, como si lo que había dentro necesitara respeto.
—Aquí estamos —dijo con un tono grave mientras la luz de la luna entraba por los ventanales altos.
Tara no pudo evitar mirar a su alrededor. Las paredes estaban cubiertas de estanterías llenas de libros con cubiertas de cuero gastado y grabados extraños. Había símbolos