Amaranta sintió su cuerpo estremecerse ante el roce de Salvatore, y quitó su mano de la de él.
— No me toques, por favor, mantén tu distancia.
Salvatore sintió un estrujón en su corazón, y retiró su mano.
— Discúlpame, no volverá a pasar.
— Los niños ya saben que eres su padre, ¿Por qué se los dijiste?
— No fui yo, ellos simplemente me lo dijeron y ya, yo jamás hubiera hecho algo sin tu consentimiento.
Amaranta miró a sus hijos jugar y miró a Salvatore.
— Necesitamos arreglar lo de la identidad