— ¡Salvatore! — Gritaba Amaranta clavando sus uñas en el brazo de su Salvatore, este de un brinco estaba fuera de la cama y dando vueltas en la habitación.
— Ya mi amor sopla, sopla.— Decida y lo hacía el mostrándole como hacerlo.
— ¡No quiero soplar! No, no quiero, me duele y ¡Apurateee!
Salvatore se agarraba de los pelos, era la primera vez en esos apuros, y a pesar de recibir las clases prenatales, era un desastres en el momento de ponerlas en prácticas.
— Ya, ya, ya, mi vida, araña me, g