LXI. Una mujer despechada y herida
- Toma un poco de agua y cálmate- le digo pasándole una de las servilletas de papel y ella se sirve un poco de agua y se lo toma con manos temblorosas.
- Lo siento, que vergüenza que hayas tenido que presenciar algo tan desagradable- me dice limpiándose las grandes lágrimas que caen de sus ojos y trata de reprimir.
Hoy, como siempre, está impecablemente vestida y estoy más que seguro de la calidad de su maquillaje, porque no se ha movido ni un poco del lugar.
- No pasa nada, en realidad, era ba