LXVII. Feliz casamiento, Srta. Evans
Resulta que al igual que la Srta. Evans me vigilaba, mi abuela también tenía a alguien monitoreando todos sus pasos.
Sospechábamos que en la celebración ella haría su movimiento, porque era el momento oportuno de acercarse a mí y además, con lo desesperada que estaba porque sus padres ya la habían comprometido con el viudo y ella no quería casarse, era su último chance para tramar algo en nuestra contra.
Días antes de la fiesta, se reunió con mucha cautela en un bar apartado, con un tipo super