Amelia escuchó las palabras de Luca sobre Ricardo y la protección de sus hijos, y el último nudo de ansiedad que la oprimía se desató. Lo miró, con lágrimas en los ojos, de alivio y gratitud.
Luca, viendo la paz regresar a su rostro, acarició suavemente su mejilla, limpiando una lágrima solitaria. Se inclinó y la besó. No fue un beso de pasión ardiente, sino uno suave, tierno, de consuelo y amor p