La casa de los De la Torre en Las Lomas era un monumento al poder y al mal gusto de Adelaida. Una fortaleza de mármol frío, muebles pesados y un silencio opresivo que ni siquiera la presencia de los niños —Luciana y Mateo, confinados en el ala de juegos con sus nanas— podía disipar.
Ricardo, Alessandro y Luca fueron los primeros en llegar, usando la llave de Ricardo. Guillermo y Emilio ya estaban dentro, preparándose.
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