La melodía de Bocelli aún vibraba en el aire cuando el romanticismo dio paso a una euforia incontenible. Luca, con los ojos encendidos por una chispa que nadie le había visto en años, rompió el protocolo del baile. Luciana, con el celular en alto y lágrimas rodando por sus mejillas, logró capturar el instante exacto en que la ternura se volvió adoración: Luca se separó apenas unos centímetros de los labios de Amelia para arrodillarse sobre el césped.
Con una delicadeza casi imperce