Sentí cómo todo mi cuerpo se tensaba al instante.
Mi cuñada aprovechó la ocasión y me hizo cosquillas en las costillas, provocándome tal risa que, en ese momento, logró quitarme la almohada.
Estaba tan cerca de mí que con solo bajar la vista podía ver sus voluptuosos senos asomando provocativos por el escote.
Sin querer, en mi mente surgieron imágenes de su pecho firme y espectacular.
La sangre comenzó a hervirme con rapidez en las venas.
Aunque antes había podido aprovechar ciertas oportunidade