—¡Pareja de desgraciados! —recriminó Zorath con los ojos llenos de rabia:— ¡Voy a contarle todo a Raúl! ¡Haré que se arrepientan de todo esto!
Su voz, cargada de veneno, dejaba entrever algo más que indignación. Lo que en realidad lo destruía por dentro era la envidia.
Lucía, ante sus ojos, siempre había sido la joya que no pudo obtener. Era mucho más hermosa, fuerte y segura que su hermana Alicia. Una mujer que siempre lo despreció… y que ahora, se dejaba ver — con dulzura— por mí.
Eso era algo