Nos reunimos con Luna al cabo de rato.
Lucía, como si nada hubiera pasado, hablaba con mucho entusiasmo con ella, riendo con la misma destreza de siempre. Yo, en cambio, iba al volante, con la cabeza hecha un completo caos y el cuerpo aún reaccionando a todo lo que había pasado momentos antes.
Entre manejar y mantener la compostura, lo mío era un verdadero acto de resistencia. Pero, por suerte, después de unos minutos logré tranquilizarme un poco y respirar con total normalidad.
Llegamos al fina