Zorath se acercó con una expresión ansiosa, como si no pudiera esperar más tiempo. Con su habitual descaro, empujó a la mujer que lo acompañaba hacia mí, como si estuviera ofreciendo algo de lo que quería deshacerse.
—Vamos, anímate un poco —le dijo en un tono juguetón:— Prueba, quizá hasta te guste…
La mujer, algo incómoda, frunció los labios con un gesto de disgusto.
—No quiero hacer esto, amor…
—¿No te gusta lo prohibido? —insistió él, empujándola con más fuerza:— Solo un rato. Es solo un jue