Paula se rio maliciosa al otro lado de la línea:
—¿Me llamaste para que use mis contactos y eche a esos buitres del Ministerio?
—Sí, pero no sabía que tú y la ministra eran como perros y gatos —.
—¡Ja! Que seamos enemigas no significa que no tenga forma de moverla —dijo Paula, con un tono que mostraba cierta maldad: — Tengo ciertos... documentos comprometedores sobre esa arpía.
—¿Eh? ¿Qué clase de documentos? —pregunté, algo confundido.
—Cosas de la política sucia. Mejor no preguntes —cortó ella