Jorath me soltó como un saco de patatas, mi cuerpo golpeando el suelo con un fuerte crujido seco que resonó en mis huesos. El dolor agudo fue como un disparo de adrenalina directo al cerebro, despejando la niebla de mi mente.
¡Había sido una prueba!
Todo este tiempo, solo estaba jugando conmigo, midiendo mis límites como un cirujano explora una herida antes de suturar.
Me levanté, restregándome el trasero adolorido, con una sonrisa de torpeza: —Es solo que... temí que si no saltaba, pensaría que