No solté ni por un instante mi agarre. No confiaba en que Kallen cumpliría su palabra si le daba la más mínima oportunidad.
Mis ojos escrutaron la multitud hasta encontrar a Mario, tambaleándose, pero aún en pie.
—¿Señor Mario? ¿Logró cumplir su venganza? —grité sobre el alboroto.
Mario, con el rostro ensangrentado y la respiración entrecortada, apretó los puños: —Estuve a punto… pero ese cobarde escapó como una vil rata.
—Mierda. ¿Nos retiramos entonces? La venganza puede esperar —le dije, cons