—¡Menos mal que llegamos a tiempo! —grito Kiros, cruzando los brazos: — Podrías haber terminado tirado en un callejón como un perro sarnoso.
Los ojos de Mario, antes vacíos y, desorbitados de pronto brillaron con una intensidad cruel y despiadada:—Pero no me arrepiento. Solo lamento no haberle cortado ese maldito miembro a Rubio.
Le di dos palmadas en el hombro, intentando calmarlo: —La venganza es un plato que se sirve frío, colega. Ya llegará nuestro momento.
—Ayer en horas de la tarde Naida f