Quería que mi cuñada entendiera que no solo deseaba su cuerpo, sino que además la deseaba con toda su alma y cuerpo enterito.
Noté que su rostro se sonrojaba intensamente y que su pecho subía y bajaba de manera agitada.
Sabía que en ese preciso momento su corazón debía estar desbordado de ansiedad y confusión.
No pude evitar rodearla con mis brazos desde atrás.
Ella, asustada, murmuró, —Óscar, suéltame, cuidado con que alguien nos vea.
—No, no te soltaré, a menos que respondas a la pregunta que