POV. Amelia
El silencio que quedó en la cocina después de que la puerta del despacho se cerrara fue inmediato, denso, casi opresivo. No era una simple ausencia de sonido; era un silencio que parecía absorberlo todo, que se filtraba bajo la piel y tensaba cada respiración. Incluso el leve zumbido del refrigerador sonaba lejano, como si perteneciera a otra casa, a otra vida donde las cosas eran normales.
Mi madre se movía frente al fregadero con una rigidez evidente, los hombros demasiado rectos