POV. Adrian
El agua caliente era un bálsamo, un torrente que golpeaba mi espalda con una fuerza casi violenta, pero que, paradójicamente, me calmaba. Durante dos meses, cada mañana había sido así. Un ritual para convencerme de que estaba vivo, de que el dolor que sentía era solo el recuerdo fantasma de una navaja y no la premonición de un final. Cerré los ojos y apoyé la frente en el frío del azulejo, dejando que el vapor llenara mis pulmones y borrara, por unos segundos, la imagen de mi propia