POV. Amelia
El trayecto hasta la habitación de Thomas fue breve, apenas unos metros por el pasillo del hospital, pero lo sentí eterno. No por cansancio, sino porque cada paso llevaba el peso de todo lo que habíamos sobrevivido. La mano de Adrian seguía entrelazada con la mía, firme, cálida, como si con ese simple gesto me recordara que ya no estaba sola, que el caos que aún me vibraba en el pecho no tenía poder sobre nosotros.
A mi otro lado caminaba mi madre. No necesitábamos decir nada. Su si