Capítulo 40

POV. Adrian

El beso no fue apasionado ni urgente. Fue lento, profundo, un reconocimiento. Un bálsamo. Mis labios se movieron sobre los suyos con una delicadeza que me era extraña, explorando, consolando. Sabía a Amelia, a lavanda, a ella. Mis manos se deslizaron desde su cintura hasta su espalda, atrayéndola hacia mí, sintiendo el temblor ligero de su cuerpo contra el mío. No era un beso de deseo, aunque el deseo latía debajo de la superficie como un volcán adormecido. Era un beso de pertenenci
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