POV. Amelia
—¿Estás bien? —preguntó, su voz baja y urgente, sus ojos buscando cualquier señal de daño en mi alma—. ¿Qué pasó?
No era solo una pregunta. Era una súplica disfrazada de calma. Sus manos aún sostenían mis brazos con firmeza, como si temiera que en cualquier momento fuera a desmoronarme entre el murmullo elegante y cruel de aquella sala.
Mi mirada se desvió un instante por encima de su hombro. La estaba buscando. Y la encontré. La mujer del vestido rojo estaba de pie junto a un grupo