POV. Amelia
Su honestidad brutal me desarmó. No había veneno en su voz, ni sarcasmo. No era una crítica disfrazada de cortesía. Era una declaración fría y precisa, como un médico señalando una herida abierta sin intención de consolar, solo de diagnosticar. Eso, de alguna forma, dolía más.
Me quedé quieta, observándonos en el espejo.
Yo era una figura de caos contenido: el maquillaje apenas corrido, la emoción todavía vibrando bajo mi piel, la respiración un poco más rápida de lo que debería. E