Massimo
Estaba atrapado. Atrapado dentro de mi propio cuerpo, incapaz de moverme, de hablar, de abrir los ojos. Pero podía oír. Podía sentir. Y lo que oía y sentía me estaba destrozando por dentro.
Escuché a Emilie discutir con ese hombre, Luca, sobre mi destino. Él quería enviarme lejos, sacarme de la vida de Emilie y de nuestro hijo.
Y una parte de mí no podía culparlo. Después de todo el daño que había causado, después de todo el sufrimiento que había infligido, quizás merecía ser abandonad