Emilie
Mientras mi hijo se fortalecía, Massimo permanecía sumido en un profundo coma. Los médicos no me daban muchas esperanzas, pero yo me negaba a rendirme. Él había salvado la vida de mi hijo, y ahora era mi turno de luchar por él.
Tomé la decisión de trasladarlo a mi casa, donde había preparado una habitación especialmente para él. Quería que estuviera rodeado de amor y cuidado, incluso si no podía percibirlo. Quería que Luca pudiera ver a su padre todos los días, aunque fuera en ese estado