No podía creer lo que había sucedido con Massimo, y ahora mi padre me llamaba, y por su tono de voz, estaba furioso, mis emociones estaban en un torbellino mientras intentaba procesar todo lo que había ocurrido en ese día tan extraño.
—Tengo que irme —le dije a Massimo, quien parecía enojado pero también intrigado ante la llamada que había recibido.
—¿Quién te llama? —me preguntó curioso, y aunque estaba molesto, parecía preocupado por saber quién estaba en el otro extremo de la línea.
—Tengo