A partir de ese día, me sentí un poco mejor en la villa, Massimo ya no se iba después de la comida, y hasta me acompañaba a caminar por el jardín todos los días.
Podría decir que por momentos parecía olvidar aquello que lo atormentaba, y llegaba a comportarse cariñoso.
Yo hacía castillos en el aire, pensando en lo que podría ocurrir sí realmente llegabamos a ser una pareja, nos imaginaba felices al lado de nuestro hijo.
No volvimos a salir de la villa por varios días, por suerte, el lugar era