48: Maquiavélico.

Daniel bebió de su taza de té. — El té esta endulzado maravillosamente como siempre, su majestad. — dijo. — No tiene nada de qué preocuparse, comprendo las razones que tiene para adelantar nuestros planes, y puedo asegurarle que voy a mantener a mi futura esposa a salvo. — aseguró con determinación.

La reina sonrió. — Se que puedo contar contigo mi querido Daniel, después de todo, tienes el mismo espíritu que tu hermosa madre. — dijo la anciana gobernante. — Lo que Eduardo ha hecho, es terrible
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