49: Pichón entre sus manos.
—¡No, no!, ¡Esto no puede ser posible! ¿La reina enloqueció?, ¿En verdad pretende que mi hermano menor se case con mi ex esposa? — bufó Eduardo rompiendo el incomodo silencio, ganándose una mirada de reproche por parte del mensajero real.
—No debo recordarle señor Lancaster, que no puede lanzar improperios ni faltas de respeto en contra de su majestad la reina, puedo ordenar que lo encierren en este momento por tal falta de respeto. — dijo el mensajero.
—No, no es necesario llegar a tanto, Edua