44: Sin tragarse el cuento.
Una risita se escuchó en medio de los sirvientes.
—¿Qué es tan gracioso? — cuestionó Daniel con voz cavernosa y más que solo molesta.
Todos guardaron silencio un momento, pero uno de los sirvientes se atrevió a hablar.
—Perdoné, su alteza, pero es imposible que el señor Eduardo estuviera aquí, estuve vigilando la entrada al castillo y en ningún momento lo vi entrar en su auto o tan siquiera a pie, además, ¿Como puede alguien desaparecer en un armario? Creo que la señora Borbón está inventando e