166: Dinero de la realeza.
Y con aquellas palabras, y sin dejar de escuchar las voces de sus ancestros, Ernest Stone apuntaba aquel viejo revolver con empuñadora de oro, y de un solo disparo, había puesto final a su odio y su sufrimiento.
La venganza de Emma ahora estaba completa.
En Londres, Enzo cenaba tranquilamente sin tener idea de lo que acababa de ocurrir en New York. Llenando su boca con exquisitos manjares y los mejores vinos celebrando por un triunfo que aún no tenía en las manos, el hombre ignoraba que su padr