167: Corazón regocijado.
Arthur sonrió y se acomodó para mirar por lo bajo a aquel hombre tan desagradable.
—No hagamos el tonto señor Stone, sabe bien que es esto, lo estoy sobornando para que desista de su absurda demanda y deje a mi prima en paz, ella no será su esposa, y el infante sucesor no sabrá nunca que usted es su padre, usted, tomara este dinero, mucho más que lo que un hombre arruinado podrá gastar en tres vidas, y luego, desaparecerá para siempre, ¿Le queda claro? — ofreció el hermoso y elegante Duque.
Enz