143: Sin caer en el juego.
Daniel Lancaster estaba sonriendo, sonreía como había sonreído cuando era un joven estudiante que no tenía nada de qué preocuparse en su vida, y eso, la enervaba; parecía que toda aquella tristeza en la que había permanecido aletargado tantos años, de pronto, había simplemente desaparecido.
¿Por qué se exhibía abiertamente con Emma Borbón? ¿Quién era ese mocoso que sonreía tanto?
Daniel no la miraba, igual que siempre, él no sabía que ella estaba allí, mirándolo cenar el mismo filete, beber la