99. Más amable que de costumbre
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Una tarde en la que el sol parecía más amable que de costumbre, Joe llegó con dos cafés y una bolsa de galletas que había horneado su abuela. Alexandra ya estaba sentada bajo el árbol habitual, su libro abierto pero ignorado.
—¿Te ves menos gruñona hoy o me estoy arriesgando, trayéndote algo dulce? —bromeó, tendiéndole la taza.
—Aceptaré solo porque huele bien… —respondió Alexandra, tomando el café sin mirarlo.
Joe la observó en silencio un segundo. Había algo raro en su postura. Sus hombros