—¿Que sea tu qué? —pregunté aún con el corazón en la garganta.
—Mi Luna —repitió Enzo con esa seguridad que tanto lo caracteriza—. Con todo lo que eso implica.
Mi cuerpo se tensó. La propuesta era directa y contundente…
—Pero apenas nos conocemos —repliqué—. Un matrimonio… eso es algo serio.
—No todos los matrimonios se forman por un vínculo bendecido por la diosa Luna —me dijo sin rodeos—. También existen los compañeros elegidos… y yo te elijo a ti.
—Pero nosotros no nos amamos —solté, buscand