Freya se aferraba al cuerpo sin vida de su madre, con las manos cubiertas de sangre y el rostro deformado por la desesperación.
—¿Por qué lo hiciste, mamá? —gritaba entre sollozos—. ¿Por qué tuviste que preferir a ese pusilánime en lugar de tu propia hija? ¡Tú eras lo único que yo tenía!
La puerta se abrió de golpe y Dante irrumpió en la habitación, su presencia como una tormenta contenida.
—¿Qué fue lo que pasó aquí? —preguntó, escaneando la escena con la mandíbula tensa.
—Se suicidó —respondi