Cuando ya emprendíamos la retirada, tomé la decisión de quedarme y les ordené a mis hombres que se marcharan. Necesitaba ver el dolor de ese bastardo con mis propios ojos.
Veía cómo todos se desvivían por atenderlo, mientras él se retorcía de dolor. Era tal como quería: que recibiera los impactos sin saber siquiera de dónde provenía todo esto.
—¡Quiero que encuentren al infeliz que me hizo esto! ¡Nadie osa entrar a mi territorio sin recibir su castigo! —rugía como un animal acorralado.
—Amor, t