Un tenue rayo de luz matutina se coló entre las cortinas y se posó sobre el rostro de Mateo. Parpadeó lentamente, con la cabeza palpitándole con un dolor sordo y pesado. Todo se sentía borroso, como si lo hubieran sacado de un profundo sueño sin sueños.
Se incorporó, frotándose las sienes.
¿Qué pasó anoche…?
Su camisa estaba tirada descuidadamente sobre la silla. Las sábanas estaban un poco enredadas. Sentía un calor extraño en el cuerpo, como si hubiera pasado la noche abrazado a alguien.
Pero