Mateo estaba sentado en su estudio con un vaso de whisky, con expresión indescifrable. El aire estaba cargado con el aroma a libros encuadernados en cuero y una fría tensión. Emilia estaba de pie junto a la ventana, con los brazos cruzados, observándolo en silencio. Su rostro estaba sereno, pero su mente estaba haciendo cálculos.
Un golpe en la puerta rompió el silencio. Uno de los guardias de Mateo entró.
"Señor, la señorita Isla está al teléfono. Dice que es urgente".
Mateo arqueó las cejas c