Valeria tarareaba para sí misma mientras removía una olla en la estufa cuando Emilia entró a preparar una taza de té. La cocina estaba en silencio, salvo por el suave tictac del reloj y el siseo de la tetera que empezaba a hervir. Valeria se giró, sonriendo como una mujer con un secreto dulce.
Hola, Emilia, dijo tan fuerte que su sonrisa sonó como un cuchillo. Quiero que sepas que tus días están contados.
Emilia hizo una pausa, con la taza en las manos. La forma en que Valeria pronunció el nomb