Mateo fue al bar porque quedarse en casa después de que Elena lo rechazara se le hacía insoportable. Sus palabras no dejaban de repetirse en su cabeza, tranquilas, mesuradas, distantes, diciéndole que no estaba lista, diciéndole que necesitaba espacio, diciéndole que no ahora. Un no ahora era peor que no. Entró en el bar tenuemente iluminado como un hombre con una herida invisible y pidió su primera copa sin siquiera sentarse bien. "Algo fuerte", le dijo al camarero, con la voz ya ronca. Una co